Marina Azcuy: un ejemplo de una siempre mujer

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Marina Azcuy

Marina Azcuy Lemus: “… las mujeres somos las que más sufrimos por la sangre derramada de nuestros hijos, esposos o padres.”

Parecía que Marina había enfocado su vida a hacer patente las palabras de José Martí cuando este expresó: “En los Andes puede estar el pedestal de nuestra libertad, pero el corazón de nuestra libertad está en nuestras mujeres”.

El Museo Provincial cumple con sus funciones, pero cuando se trata de exaltar, de destacar, de poner en alto el papel desempeñado por una MUJER, se desdobla en esfuerzos y, contribuye al homenaje que se merecen nuestras mujeres por sus sacrificios, su valentía, su coraje, su ejemplo y sobre todo por demostrar lo que fueron capaces de hacer a pesar de los prejuicios sociales. Por eso se particulariza ahora en Marina Azcuy: un ejemplo de una siempre mujer.

Nació el 19 de junio de 1908, justo al conmemorarse un año de la muerte de Leonor Pérez, madre de nuestro José Martí. ¡Qué curioso!, un día como este pero de 1907 fallece una gran mujer y al año siguiente nace otra, que como hizo el Apóstol, escogió la estrella que ilumina y mata. Marina desde edades tempranas se dio cuenta de la situación que tenía Cuba y que era de vital importancia el rol que desempeñarían las mujeres en las luchas por la libertad. A esto consagró su vida. Muchos son los calificativos que se le atribuyen y la engrandecen como ser humano. Su casa sirvió de cuartel general a miembros del M-26-7, arriesgó su seguridad y la de sus hijos, pero muchos miembros del movimiento encontraron allí, protección y abrigo.

Trasladó armas, distribuyó propagandas, organizó reuniones, chequeó acciones y sirvió de enlace entre el Movimiento en La Habana y Pinar del Río. En 1958, fueron detenidas ella y su compañera Julia, el pueblo al enterarse comenzó a desfilar por el lugar para que tuvieran que ir a los tribunales y así evitar que las asesinasen. Fueron condenadas y enviadas al reclusorio de mujeres en Guanajay. El 8 de enero de 1959 salen de prisión, tras confirmarse en un telegrama enviado por Melba Hernández, su condición de prisioneras políticas.

En febrero de 1959 se reconoce en un acto su participación en la lucha clandestina y se le designa presidenta de la Unión Femenina Revolucionaria. Forma parte de la delegación cubana, presidida por Vilma Espín, al Primer Congreso Latinoamericano por los Derechos de la Mujer y el Niño, en Santiago de Chile y cuando se crea la Federación de Mujeres Cubanas fue elegida para presidir la organización femenina en Pinar del Río. Su labor fue intensa, pues impulsa las academias de corte y costura, la creación de guarderías y otras actividades que permitieron la superación de la masa femenina.

Marina puso su hogar y su vida siempre al servicio de la Patria, y digo más, estaba consiente del rol de las mujeres cuando expresó: “Somos las mujeres las más a lamentar el retraso que vive nuestro pueblo, a todas nos duele en lo más hondo la triste condición de nuestros niños, reserva de nuestra Patria, abandonados a la miseria y a la ignorancia, en medio de riquezas y privilegios que una minoría disfruta sin límites”. Pudo haber hecho más por las mujeres y por su organización, pero el 5 de diciembre de 1960 cuando se dirigía a crear la delegación en su municipio natal, a la edad de 52 años pierde la vida en un fatal accidente.

Por: Lic. Marialys Chirino Hernández. Museóloga del Museo Provincial de Pinar del Río.

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