La rumba que nos hace diferentes

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La rumba que nos hace diferentes

Desde los siete años Wenceslao Barrios Iglesias veía a su padre y a los vecinos del barrio tocar tambores. En el año 1952 su familia salió de El Guayabo en busca de trabajo y mejores condiciones de vida hasta instalarse en San Luis, y desde ese entonces el tambor yuka repica en cada celebración del territorio en Pinar del Río.

Ángel Custodio Barrios, el padre de Wenceslao, fue uno de los principales precursores de la tradición del tambor yuka en Cuba y con mucha dedicación se encargó de transmitir la práctica a su descendencia. Hoy es solo en Pinar del Río donde existe un grupo portador de esta manifestación que proviene del origen congo que nos llegó del África.

“En El Guayabo es donde está la raíz. En el ‘52 vinimos pa’cá y cada vez que llegaba la semana de la cultura tocábamos. Nos dijeron que si buscábamos los palos nos hacían los tambores”.

Wenceslao cumplió el pasado 28 de septiembre 83 años y aunque se apoya en un bastón por el desgaste que tiene en una de sus caderas, confiesa que todavía toca y hasta tira su pasillo.

“El viejo me enseñó. Mis hermanos y yo comenzamos aquí en Pereda, en Maximino. El viejo tocaba con nosotros hasta que se nos acabó en el ‘92, pero ya sabía hacer hasta el tambor y todo. Ahí los tengo todavía”.

Con claridad rememora los tiempos en que él y dos de sus hermanos le sacaban música a la caja, la mula y el cachimbo, como se nombran los tres tambores.

“Hace más de 20 años de eso. Aquello era una fiesta. Se mataba el cochinito y se hacía una tarima para la rumba. Se asaba el animal, se cocinaba congrí, yuca y a las 12 y pico almorzábamos, después se tocaba una vuelta de tambor. Siempre venía gente de Cultura y del Partido.

“¿Quiere que le haga un relatico de cómo era eso? No le puedo demostrar con el tambor porque no lo tengo aquí. Yo empezaba, ‘quimbín, quimbín, quimbín (simula con las manos el toque), el rey del congo tiene que venir, el rey del congo tiene que venir’. Entonces venían las muchachas con sus vestiditos blancos adornaditos y los muchachos con su pañuelito a bailar ‘cuando gallo canta gallina cacarea, cuando gallo canta gallina cacarea’. No se lo hago porque tengo la pierna mala”.

¿Y cómo se hace un tambor yuka?

“El bueno es el de aguacate, el palo tiene que ser hueco por dentro. Se necesita cuero de res, que por ley debe ser de la barrigada de la vaca, no del buey. Primero hay que curarlo y se pone a secar. Se clava con puntillas, que quede bien apretado y se pone al sol. Muchacha, cuando ese cuero empieza a recoger, si lo pones por la mañana por la tarde lo que tienes es una tumba.

“Lo primero que se hace antes del toque es echar un poquito de ron al güirito de los tres que van a tocar. Hay que probarlo, después se echa un poquito en la mano y se le pasa al tambor, eso es una tradición”.

Wenceslao todavía percute sobre los cueros. Junto con el grupo ha participado tres veces en la Fiesta del Caribe en Santiago de Cuba.

“El año pasado íbamos pero se dificultó la cosa. Vamos a ver si cuando pase esto volvemos. Esa Fiesta del Caribe es maravilla. Es de la única forma que yo, campesino, sembrador de tabaco, puedo ir a Santiago. Mi esposa fue conmigo, fuimos al Cobre, a la Loma del Cimarrón, tocamos dos o tres veces allí”.

Cuenta este tumbador las particularidades del tambor yuka, lo importante que es siempre llevar la escoba de palmiche a cada presentación.

¿La escoba para qué?

“Cuando los tambores están fríos hay que calentarlos, entonces enciendes las escobas y les das vapor, el palmiche es lo mejor porque no echa humo. Cuando se calienta hay que coger tierra seca y echársela arriba para que enfríe el cuero”.

La rumba no es solo parte de su vida, el trabajo en el campo aún lo lleva consigo, aunque ya no le pueda dedicar tiempo.

“Sembré tabaco hasta que me eché a perder la pierna, pero mi tierra está ahí, me la cultivan. Mi esposa no quiere que trabaje, y mis dos hijos tampoco, imagínate, la hembra es enfermera y el varón licenciado en Matemática”.

Con orgullo narra cuando el año pasado le celebraron el cumpleaños con las banderas del pueblo.

Nos despide mientras tararea una de las canciones que llevaba a los toques y trata de convencer a su esposa Gladys para que lo acompañe a bailar.

La rumba, como patrimonio inmaterial de la humanidad, es parte de la cultura que nos hace diferentes. Hombres como Wenceslao, como su padre y los que como él afianzaron la tradición del tambor yuka en estas tierras, son parte inseparable de lo que somos, de la riqueza que debemos proteger.

Por: Dainarys Campos Montesino, Periódico Guerrillero

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