Farmacias de la Ciudad de Pinar del Río

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Farmacia Pinar del Río

Los orígenes de las farmacias en Pinar del Río datan del siglo XIX, asociadas a la atención de la crecientes necesidades de salubridad en una población ascendente. Desde aquel momento a la fecha estos centros han constituido eslabones esenciales para garantizar la vida y salud de los habitantes.

En la primera mitad del siglo XIX existía en los poblados cabeceras de Vueltabajo escasamente una farmacia, por lo general y en algunos lugares como Pinar del Río habían varios establecimientos. Ese panorama cambió con el paso de los años y para la década del ochenta de ese siglo eran más numerosas.

Por aquellos años en la capital de la provincia existían cuatro farmacias en la calle Real, con un grupo de familias asociadas a la profesión como fueron las de los Legorburu, los Rodríguez, los Martínez, la Cuervo, la García, la Ubieta y la Camacho. Todos ellos transitaron en el giro en el siglo XX, con más de 8 instituciones de este tipo.

Las farmacias fueron centros frecuentados diariamente por muchas personas interesadas en adquirir un medicamento y conocer sobre los últimos adelantos en materia de salud pública.

Entre los fundadores de las farmacias en Pinar del Río se encuentra Teodoro Ramos, quien en 1853 registró oficialmente una institución en la calle Real, hoy José Martí, cuando aún no estaban bien señalados los solares o fincas urbanas de la capital provincial.

Más tarde fue adquirida por los licenciados Rodríguez y Martínez, ya con el # 49 de la mencionada calle Real. Sin lugar a dudas se trata de la farmacia conocida actualmente como Camacho, porque años después, a principios de la república neocolonial la compró Juan Camacho Armas perdurando en manos de sus herederos hasta el triunfo de la Revolución.

Entre sus dueños estuvo Teatino Camacho Jordán, doctor en farmacia y ciencias Naturales, reconocido profesional e intelectual pinareño, quien había aumentado el capital de su propiedad a 10 mil pesos en la década del 40 del pasado siglo.

En ella se ofrecían servicios de farmacia, laboratorio, dispensario, departamento de análisis clínico y óptica. Tal complejo elevó el prestigio del centro en aquella época.

En 1860 fue fundada otra farmacia en la calle Real esquina San Juan la cual después de pasar por varios dueños fue comprada por un vueltabajero quien fundó la Compañía Farmacéutica Isauro Díaz. Para la década del 40 del pasado siglo Isauro, su dueño, la había convertido en una de las más importantes de la ciudad. Hoy el inmueble es una casa de vivienda.

En 1906 el Licenciado Juan Antonio del Hoyo fundó en la calle Mayor # 111 la farmacia Nuestra señora de los Dolores. Este propietario era una figura prestigiosa en la Asociación Farmacéutica de Cuba en las primeras décadas de la república necolonial.

La farmacia del Hoyo fue centro de reunión de un grupo de intelectuales pinareños asiduos al lugar para intercambiar impresiones con respetables vecinos durante las noches. Allí se discutieron muchas ideas y proyectos en bien de la sociedad vueltabajera y en 1918 se reportaba como una de las más afamadas de la ciudad.

La farmacia El Crisol, fundada en la década del treinta del siglo XX en la calle Maceo # 40 era propiedad del doctor Remigio Rodríguez y contaba con dispensario y laboratorio. Remigio gozaba de un gran prestigio dentro del gremio y era el tesorero del Colegio Farmacéutico Nacional.

Es imposible determinar cuántas farmacias existieron porque se creaban unas y desaparecían otras en periodos diferentes, proceso expresado desde el siglo XIX. Lo cierto es que un grupo de ellas se mantienen dando servicio en la actualidad.

Así, por ejemplo, La Camacho durante 160 años ha estado abierta al público de forma ininterrumpida, convirtiéndose en la más veterana de todas, según consta en los documentos oficiales.

Hoy es un lujo contar con una añeja institución de este tipo. En ella cada local, cada espacio tiene su función y es testigo del pasó por aquí de generaciones de farmacéuticos.

Cada una de las farmacias pinareñas tiene una historia particular por la agitada vida materializada en ellas. Desde aquí han salido los medicamentos necesarios para salvar miles de vida y curar dolorosas enfermedades. Ello realza el prestigio de quienes escogieron esta profesión.

Prestigiosos doctores en farmacia, licenciados, técnicos y especialistas avalan desde el siglo XIX a la fecha el trabajo generado en estas instituciones. Una parte considerable de ellos dejaron una marcada huella en la sociedad pinareña.

Entre esa extensa relación vale mencionar a Antonio Guiteras, líder revolucionario perteneciente al sector, quien fuera doctor en farmacia en la capital pinareña durante una parte de la década del veinte del pasado siglo.

Las farmacias constituyen centros de concurrencia cotidiana de la población por que necesitan adquirir un medicamento para atender una dolencia particular o familiar.

Estas en Pinar del Río evolucionaron desde el siglo XIX a la fecha, en correspondencia con el desarrollo alcanzado por la medicina y la industria farmacéutica. Medicamentos, fórmulas y embaces en la actualidad son muy diferentes en comparación con los existentes hace décadas y siglos atrás.

Centros como la farmacia Santa Rita constituyeron espacio para la conspiración contra la dominación colonial. Ya en la etapa de la república neocolonial desde ellas se conspiró y ayudo a aquellos que luchaban en la sierra y el llano. Hombres y mujeres que laboraban en estos centros apoyaron esas gestas con dinero, medicamentos y materiales de cura.

En reiteradas oportunidades las farmacias fueron utilizadas por sus dueños para vincularse a la política durante los gobiernos de turno y así obtener votos electorales para un determinado candidato. En otras se realizaron arreglos con médicos para mandar a los pacientes a comprar en ellas los medicamentos de forma dirigida.

Son conocidas en la ciudad de Pinar del Río farmacias importantes como la Piloto, ubicada en los bajos de hotel Globo en la calle José Martí esquina Isabel Rubio. Otra que sobresale es la Linjó situada en la avenida Comandante Pinares, así como otras localizadas en los diferentes repartos de la urbe pinareña.

En todas existe una larga tradición y cultura sobre el oficio. Si bien no todas poseen laboratorios o dispensarios como en el pasado, las hay que mantienen esta condición. Por tanto esas dependencias siguen constituyendo un componente esencial para los servicios que se ofrecen a la población, como expresión del amplio y complejo campo profesional inherente a los especialistas del sector farmacéutico.

Los servicios farmacéuticos se han extendido con la Revolución hasta poblados y comunidades rurales de difícil acceso, como prueba de las profundas transformaciones alcanzadas en materia de salud pública.

Algunas farmacias pinareñas poseen valores culturales y patrimoniales por la tipología arquitectónica de los inmuebles, la ambientación y diseño de los mobiliarios. Además, en ellas se preservan instrumentos y frascos de diferentes periodos utilizados para almacenar medicamentos.

Cada 22 de noviembre, fecha en que nació en 1906 Antonio Guiteras, los farmacéuticos conmemoran su día, constituyendo un momento de recuento de toda la obra hecha durante siglos por los trabajadores del sector.

La farmacia constituye una parte imprescindible del sistema de salud púbica en cualquier parte del mundo, por ello su legado está definido entre los componentes más visibles de una sociedad, su cultura y tradiciones.

Por: MsC. Enrique Giniebra Giniebra.

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